Islam para todas/os - Valencia - España

              

   

Portada            Enlaces             Foro informativo

 

 

LA VERDAD SOBRE LA AYUDA Y LAS DONACIONES

Fuente: Journal, http://www.khilafah.com

Traduce : Omar Ribas

Este año pasado ha sido testigo de varios desastres; el tsunami de Indonesia y el terremoto del sudeste asiático por citar dos. Sin embargo, la mayor parte de lo que se ha descrito como ayuda generosa de los países capitalistas occidentales para estos desastres en realidad termina por revertir a las naciones más ricas, como subvenciones que benefician a empresas grandes. Este artículo tiene por objetivo mirar a las controversias que son la base de las donaciones para las regiones golpeadas por el desastre.

Promoviendo los intereses de los donantes

En el último medio siglo, la ayuda ha sido conducida por la ideología. Esto puede ser observado en el programa de ayuda americana para Europa después de la Segunda Guerra Mundial. El Plan Marshall proporcionó recursos no sólo para ayudar a reconstruir la Europa devastada por la guerra, sino que primordialmente se hizo para mejorar los mercados para los productos americanos.

Siguiendo el ejemplo de América, otras naciones imperialistas como Francia o Gran Bretaña establecieron programas de ayuda para sus antiguas colonias como un amortiguador contra la extensión del comunismo. En los países subdesarrollados, aparte de alguna infraestructura básica, sólo las élites gobernantes se beneficiaron de estas medidas. Sin embargo, todo esto cambió con el colapso de la Unión Soviética. Los Estados Unidos y las demás naciones imperialistas redujeron los fondos y ajustaron sus programas de ayuda a la nueva realidad. El presupuesto de ayuda de los Estados Unidos, por ejemplo, cayó un 32 % entre 1985 y 1995. La asistencia internacional a regiones como el África Subsahariana se redujo casi en un 50 % en la década de 1990.

Poniéndolo en perspectiva

De acuerdo con Paying the price, un informe publicado por Oxfam, los presupuestos anuales de ayuda de los veinte donantes principales son la mitad de lo que eran en 1960 en términos reales. Por regla general, las naciones del G7 –Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido y los EE.UU.- asignaron sólo el 0,19 % de su Producto Interior Bruto (PIB) para la asistencia internacional.

La ayuda exterior anual combinada de las naciones más ricas del mundo está muy alejada también del gasto militar. Gran Bretaña actualmente gasta ocho veces más en presupuesto militar, Francia nueve, Italia quince y los Estados Unidos treinta y tres. El presupuesto anual de defensa de los EE.UU. en 2003 fue de acerca 400 miles de de dólares, o el 3,6 % de su PIB, mientras que la ayuda externa era sólo de 16 miles de millones o sólo el 0,14 % del PIB. Esto sólo es una novena parte de los 168 miles de millones que se gastó en invadir y ocupar Irak.

Demandas

Los préstamos de asistencia y desarrollo a las naciones menos desarrolladas van de la mano con demandas crecientes de las naciones donantes y los bancos internacionales, por ejemplo el FMI y el Banco Mundial.

De 1995 a 2000, había, por regla general, 41 condiciones vinculadas a cualquier préstamo del FMI a los países más pobres. Estas incluyeron demandas específicas sobre tasas de cambio, poniendo una cifra y la privatización del mercado, regulación del sector financiero y privatización de los sistemas de educación, salud y asistencia social.

Hacia 1999, los préstamos de 1999 a los países subsaharianos tenían por regla general 114 condiciones, la mayoría de las cuales de cumplimiento previo a que sea concedida la financiación, o incluso en caso de esta no se conceda. Esas directivas se hacían sin tener en cuenta el impacto social y económico en las naciones receptoras. En otras palabras, esos préstamos antes que mejorar las condiciones de vida de las naciones subdesarrolladas, empeoraron la pobreza y socavaron la existente, y ya inadecuada, infraestructura básica en agua, energía, salud, educación y transporte.

Como Joseph Stiglitz, premio Nobel y economista jefe en el Banco Mundial de 1996 hasta noviembre de 1999, admitió en 2000, las políticas desplegadas por Washington y los bancos internacionales durante la década de 1990 eran semejantes a “usar un lanzallamas para quemar una capa vieja de pintura de casa, y luego lamentarse de que no pudiste terminar de pintar de nuevo porque la casa se había incendiado”.

La “ayuda” ofrecida a Indonesia después de la crisis, por ejemplo, aumentó significativamente la pobreza. Para asegurar la asistencia de urgencia, el gobierno indonesio tuvo que estar de acuerdo con privatizar servicios estatales, reestructurar los bancos nacionales, recortar el gasto social y abolir las subvenciones en los precios del combustible, electricidad y comida. Estas medidas eran claramente incompatibles con las necesidades básicas de la mayor parte de indonesios. El resultado –el número de los que vivían en la pobreza se dobló hasta los 100 millones, y los salarios reales cayeron en picado un 30 % en este período.

Como Indonesia, Sri Lanka también depende de la ayuda internacional. Pero aparte de algunos programas básicos de salud y otras medidas limitadas, los recientes paquetes de ayuda externa han hecho poco para mejorar la posición de los pobres. Un destacado proyecto de ayuda internacional fue lanzado en junio de 2003, con representantes de los EE.UU., Japón, la Unión Europea, el FMI, el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo. Sin embargo, los 4,5 miles de millones prometidos en el encuentro tenían que ser donados sólo después que el gobierno de Sri Lanka estuviera de acuerdo con presentar una cantidad de los denominados programas de “reducción de pobreza”.

Uno de ellos, llamado “Recuperar Sri Lanka”, diseñado por el gobierno de Sri Lanka en conjunción con los países donantes y los bancos, incluía acuerdos para aumentar la privatización de los puertos, la salud, la educación y otros sectores estatales de Sri Lanka.

Ayuda externa redefinida

La asistencia externa para el desarrollo a largo plazo no sólo ha disminuido en las décadas recientes, sino que los donantes también han ampliado su definición para incluir en ella los gastos en refugiados en el país donante y los costes de educación de los estudiantes de ultramar de las naciones receptoras. El alivio de la deuda también se añadió al gasto en ayuda de las naciones donantes. Estos cálculos cortan la asistencia real a los países subdesarrollados y hacen aumentar artificialmente los presupuestos oficiales de ayuda –por ejemplo inflando las cifras de la ayuda.

Otro medio de inflar las cifras de la ayuda ha sido la “asistencia técnica”. Esta comprende forzar a los países receptores a utilizar unas corporaciones financieras y consultorías caras de las naciones donantes. De acuerdo con una estimación de la ONU de 1999, la asistencia técnica se traga 14 mil millones de dólares por año, o cerca de una cuarta parte de la ayuda al desarrollo total anual.

En Bangla Desh por ejemplo, el 60 % de los fondos gastados en el Plan de Acción de Inundaciones entre 1990 y 1995, no se quedó en el país, sino que se utilizó para pagar a las consultorías extranjeras.

Incluso cuando la ayuda de ultramar a las naciones desarrolladas pasa por malos momentos, se están haciendo movimientos para modificar las reglas de la OCDE para que el gasto en las llamadas operaciones de mantenimiento de la paz, o el entrenamiento de ejércitos extranjeros pueda contarse como gasto en ayuda. Varios países, incluidos Australia, Dinamarca y otros, están presionando para este cambio. Esto les permitiría aumentar artificialmente sus presupuestos de ayuda y pretender haber cumplido con los Objetivos del Milenio acordados previamente en la ONU, a partir de los cuales las naciones ricas tenían que aumentar el gasto en asistencia externa hasta el 0,7 % de su PIB en 2015.

Dirección equivocada

Varios donantes y gobiernos dirigen su ayuda y esfuerzos principalmente la reconstrucción de la infraestructura dañada, no al sustento de la gente.

Los supervivientes de los devastadores movimientos de tierra de Venezuela en 1999 fueron trasladados a áreas más seguras, remotas, pero fueron incapaces de ganarse la vida allí y tuvieron que regresar al lugar donde estaban sus antiguas casas y exponerse otra vez al riesgo.

Desde que Tayikistán alcanzó la independencia, se ha invertido poco en desarrollar su economía rural a pequeña escala. A pesar de la amplia ayuda para comida durante ocho años, [Tayikistán] aún es incapaz de alimentarse a sí mismo. En 2000, tuvo su peor sequía en 74 años que dejó alrededor de dos millones de personas enfrentados al hambre y la malnutrición mientras que algo de su agua disponible era bombeada para irrigar sus campos de algodón, la principal cosecha de Tayikistán.

Ayuda atada

La ayuda atada es una técnica notoria que asegura que la mayor parte de los fondos volverán al donante. A pesar de que esté condenada oficialmente por las instituciones financieras y la ONU, la “ayuda atada” ha incluso aumentado en los pasados 20 años. Según los informes de la OCDE sobre la ayuda atada a los países menos desarrollados, los Estados Unidos encabezan la lista de la ayuda atada. 

Algunos de los efectos de la ayuda atada son que se niega a los países receptores una oportunidad para tener los mismos servicios y bienes a un precio inferior en otra parte, la transferencia de habilidades y tecnologías inapropiadas, más costosas al país receptor, ninguna apertura y responsabilidad, los gastos financieros implícitos de la atadura son altos (miles de millones perdidos), lo que genera costos de transacción para los receptores si los donantes aplican normas restrictivas de consecución, el empledo ineficaz del dinero de los contribuyentes y crea mercados para las grandes empresas.

Según una memoria reciente de la ONU, el 84 por ciento de cada dólar de la ayuda de EE.UU. vuelve a América en forma de bienes y servicios adquiridos. Cerca del 75 % de la ayuda canadiense está atada, mientras que Alemania, Japón, Francia, y Australia los siguen de cerca.

Aproximadamente 1,8 millones de dólares por año de la ayuda externa oficial australiana se distribuye a un grupo selecto de ricas compañías locales relacionadas en la industria de la “ayuda”. GRN Internacional, propiedad de Kerry Packer, la persona más rica de Australia, por ejemplo, recibe 200 millones de dólares anuales por los proyectos de ayuda australianos. Como AusAID, el donante oficial del dinero de la yuda australiana, dice en su declaración de objetivos, su primer objetivo es mejorar el “interés nacional de Australia”.

Un componente importante de la ayuda australiana de ultramar consiste en el pago por sus operaciones militares y de policía en las islas Salomón del sudeste pacífico. Las fuerzas de defensa australianas ocupan las islas Salomón desde 2003, pretendiendo que esto es la ayuda militar, y el gobierno de Howard recientemente amenazó de suspender la asistencia a Vanuatu hasta que esté de acuerdo en aceptar la policía australiana y los “consejeros” del gobierno en el interior del país necesitado del Pacífico Sur. La Ley del  crecimiento y oportunidad africanos es otro ejemplo de cómo la ayuda externa vuelve a los bancos y corporaciones de EE.UU. Adoptada por el Congreso norteamericano en mayo de 2000, la Ley estipula que los países africanos que pidan la ayuda americana debe cumplir con las condiciones de “ajuste estructural” del FMI. África sólo puede vender su textil, vestido y calzado, si los manufactureros usan determinadas materias primas norteamericanas.

Uno de los ejemplos más ostensibles de “ayuda atada” es el programa de asistencia del HIV/SIDA de Washington. Bajo esta política, los gobiernos que pidan ayuda para el tratamiento del HIV/SIDA están obligados a comprar todos los medicamentos anti-SIDA a Estados Unidos, en vez de comprar genéricos más baratos de Sudáfrica, India o Brasil. Los medicamentos de EE.UU. cuestan  15.000 dólares al año comparados con los 350 de sus versiones genéricas.

Perdiendo el control

Los países que reciben ayuda tienen menos control y toma de decisiones sobre cómo gastar el dinero de la ayuda. Por ejemplo, países como Malasia o Sri Lanka, donde la dieta básica es el arroz pueden tener cargamentos de trigo, porque este cereal está disponible en las reservas de compañías de EE.UU. Lo que es peor es que productos como el azúcar o las hojas para techar que se podrían haber comprado en la región, y haber ayudado así a la economía regional, son ignorados, mientras que los materiales de EE.UU. son importados por muchos más dólares. Es irónico que la administración Bush, que en su retórica promueve los mercados libres y la menor intervención del gobierno en la economía, convierta la ayuda externa en bienestar corporativo.

Influencias extranjeras

La ayuda también proporciona la oportunidad de influir en las políticas exteriores de los países. Por ejemplo, varios países receptores pagaron virtualmente con el rescate cuando los Estados Unidos estaban buscando el apoyo del consejo de la ONU para la guerra en 2003.

El ataque del 11 de septiembre de 2001 sobre los Estados Unidos también dio a Washington la oportunidad de transformar radicalmente su asistencia internacional. La ayuda podría ser distribuida ahora según las exigencias militares inmediatas y su llamada “guerra contra el terror”.

Pakistán se convirtió en consecuencia en un receptor mayor de la ayuda de EE.UU., recibiendo sobre 600 millones de dólares en 2001. Otros países previamente considerados como inaptos para la asistencia, pero vitales estratégicamente para la “guerra contra el terror”, también empezaron a recibir fondos.

Al mismo tiempo, países que rehusaron aceptar las demandas de EE.UU. en las Naciones Unidas sobre la guerra contra Iraq, vieron sus fondos de desarrollo cortados. Washington siguió esto con el bloqueo de la asistencia a cualquier país que rechazara dar inmunidad a los ciudadanos americanos por casos de violaciones de los derechos humanos en el Tribunal Criminal Internacional.

Conclusión

Claramente no hay un auténtico propósito humanitario en la concesión de ayuda por parte de las naciones capitalistas o la efectividad total de cualquier ayuda dada. Qué hay de bueno en la ayuda inapropiada, que no cubre las necesidades de los más pobres, que no permite escoger quién proporciona los servicios, permitiendo al país receptor beneficiarse de comprar de proveedores en base al precio, calidad y servicio. Con seguridad “desatar” la ayuda de esta manera ayudaría a reforzar las economías locales y regionales y contribuiría a construir la productividad local.

Cuando ocurre un desastre, hay que recordar que hay muchos servicios de maestría local –carpinteros, contratistas, consultores de gestión, arquitectos, topógrafos- y que muchos de estos trabajadores están desempleados. Un estado sincero asistiría para restaurar la dignidad humana a aquellos afectados por un desastre dándoles la oportunidad de ganarse la vida y alimentar a sus familias. Esto no puede ocurrir cuando las empresas, agencias, y contratistas de EE.UU. desplazan a los locales por la práctica vigente.

En septiembre de 2004, la Comisión Económica para el Informe Económico de Áfrca de las Naciones Unidas informó que “el hábito de los donantes en insistir que los fondos de ayuda tienen que ser gastados en adquirir bienes y servicios de los países donantes está mutilando las oportunidades de África de tirar para adelante”.

Según el informe, la “ayuda atada” reduce el valor real de la asistencia de un 25 a un 40 por ciento, ya que los países receptores son forzados a comprar importaciones a un precio no competitivo.

De la misma manera, no sólo las los terremotos, sino los hábitos donantes de las naciones occidentales no asegurarán que las regiones recientemente devastadas por los terremotos y el tsunami se puedan recuperar. Al final los únicos beneficiaros serán las naciones capitalistas.

 

A portada | Contactar| Foro de discusión

ISLAM PARA TOD@S es un proyecto de difusión y conocimiento del Islam, para los buscadores de la Verdad

Copyright © 2005 Islam Para Tod@s

 

Dirección y webmaster
Khalid Monedero

Por carecer de tiempo, no se contestarán los e-mails. Disculpen las molestias. Gracias.

www.islamparatodos.com