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LA SINCERIDAD Y LA INTENCIÓN

EN LA PRÁCTICA DEL DZIKR

 

traducido de la obra al-Adzkâr del Imâm an-Náwawi

  

 

         Allah ha dicho en el Corán: “Sólo les ha sido ordenado (a los seres humanos) reconocer como Único Señor a Allah, encaminándose hacia Él con absoluta sinceridad, y como unitarios...” (al-Báyyina, 25).

         Y también ha dicho: “Hasta Allah no llega la carne ni la sangre (del animal que habéis sacrificado), pero hasta Él llega vuestro sobrecogimiento...” (al-Haÿÿ, 37), y éste es un versículo que fue comentado por Ibn ‘Abbâs, quien dijo que el ‘sobrecogimiento’ aquí es la intención (niyya).

 

         El Mensajero de Allah (Rasûlullâh -s.a.s.-), según ha contado ‘Omar ibn al-Jattâb (r.), dijo: “Las acciones son según las intenciones y cada cual tiene conforme a su intención. Quien haya emigrado hacia Allah y hacia su Mensajero, su emigración ha sido hacia Allah y hacia su Mensajero. Y quien haya emigrado por conquistar algo de este mundo o por una mujer con la que contraer matrimonio, su emigración habrá sido en pos del fin que se ha marcado”.

         Éste hadiz es auténtico (sahîh) y hay acuerdo unánime sobre su autenticidad, y representa uno de los hadices sobre los que se fundamenta el Islam entero. Por otra parte, los ‘ulamâ (los expertos en Islam), tanto los antiguos como los nuevos, prefieren comenzar sus libros encabezándolos con este hadiz para llamar la atención del lector sobre la importancia de la buena intención (niyya) incitándolo así a reformar la suya.

         El Imâm Abû Sa‘îd ‘Abd ar-Rahmân ibn Mahdi (r.) dijo: “Quien quiera presentar un escrito suyo que comience recitando este hadiz”.

         Y el Imâm Abû Sulaimân al-Jattâbi (r.) dijo: “Nuestros maestros (shuyûj) preferían empezar sus discursos y clases con el hadiz de ‘las acciones son según las intenciones...’, citándolo antes de cualquier otra cosa por la necesidad general que hay de él para todo”.

         Nos ha sido trasmitido que Ibn ‘Abbâs (r.) dijo: “El hombre es protegido (por Allah) en la medida de su intención”. Y otro dijo: “Al hombre se le da (es decir, Allah le da) en la medida de su intención”.

         El maestro majestuoso Abû ‘Ali al-Fudáil ibn ‘Iyâd (r.) dijo cierta vez: “Renunciar a una acción por la gente es Riyâ (fingimiento, hipocresía). Realizar una acción por la gente es Shirk (tener dioses a parte de Allah, idolatrar a los hombres). El Ijlâs (la sinceridad pura y absoluta) es que Allah te libre de ambos extremos”.

         El Imâm al-Hâriz al-Muhâsibi (r.) dijo: “El sincero es el que no se preocupa por perder el aprecio de la gente al iniciar la reforma de su corazón, ni le gusta que la gente se entere de un átomo del bien que hace, y no le disgusta que la gente esté al corriente de sus malas acciones”.

         Hudzáifa al-Már‘ashi (r.) dijo: “La sinceridad pura (Ijlâs) es que las acciones del hombre estén niveladas interna y externamente”.

         Y nos ha sido comunicado que el Imâm Maestro Abû l-Qâsim al-Qusháiri (r.) dijo: “La sinceridad pura (Ijlâs) consiste en obedecer exclusivamente a la Verdad (Allah) orientando sólo hacia Él la totalidad de tu ser, queriendo al obedecerle acercarte a Él sin que nada empañe esa intención como pudiera ser el intento por agradar con ello a una criatura o ganar el aprecio de la gente o ser amado o admirado por alguien, o ninguna otra cosa que no sea el puro acercarse a Allah”.

         El Sáyid Majestuoso Abû Muhammad Sahl ibn ‘Abd Allâh at-Tústari (r.) dijo: “Los inteligentes han analizado la cuestión de la sinceridad pura (Ijlâs) y no han encontrado mejor forma de definirla que la siguiente: el Ijlâs consiste en que tus movimientos y tus calmas en secreto y en público sean por Allah sin que se mezcle en esa intención ningún interés egoísta, pasión o inclinación mundanal”.

         Se nos ha comunicado que el maestro Abû ‘Ali ad-Daqqâq (r.) dijo: “La sinceridad pura (Ijlâs) consiste en dejar de tener en cuenta a las criaturas y la veracidad (Sidq) consiste en dejar de obedecer al ego. El mújlis (el sincero, el dotado de Ijlâs) no finge, y el sâdiq (el veraz, el dotado de Sidq) no está admirado de sí mismo”.

         Y Dzû n-Nûn al-Misri (r.) dijo: “Tres son los signos de la sinceridad pura (Ijlâs): que te de igual que la plebe te admire o te censure, que olvides el mérito de tus acciones mientras las ejecutas, que esperes para ser compensado a estar ante Allah”.

         Se nos ha comunicado que al-Qusháiri (r.) dijo: “El grado menor de la veracidad es la nivelación de lo que se hace en privado y lo que se hace en público”.

         Sahl at-Tústari (r.) dijo: “Ni tan siquiera ha olido el perfume de la veracidad quien se adula a sí mismo o a otro”.

         Las sentencias de los maestros sobre estos temas son innumerables, y en las que he recogido aquí hay materia suficiente para todo afortunado que haya sido dotado de entendimiento.

 

         SECCIÓN: Quien sea a cuyo conocimiento llegue la información de un acto meritorio (fadîla) debe realizarlo aunque sea una sola vez para ser de la gente de esa acción meritoria, no debiendo abandonarla de modo absoluto sino cumplir con ella en función de su capacidad. Esto es lo que está en conformidad con un hadiz del Nabí (s.a.s.) en el que dijo: “Cuando os ordene hacer algo, cumplidlo en la medida de vuestras fuerzas”.

 

         SECCIÓN: Los ‘ulamâ de entre las gentes del hadiz y el fiqh han dicho que está permitido y es bueno emplear hadices débiles (da‘îf) para exhortar, amonestar y animar a la realización de actos meritorios (fadâil) mientras esos hadices no sean inventados (maudû‘). Pero en cuanto a la emisión de juicios (ahkâm, plural de hukm, juicio) -como afirmar que algo es lícito (halâl) o ilícito (harâm) o para establecer las normas que deben regir el comercio, el matrimonio, el divorcio, etcétera- no se deben tener en cuenta los hadices débiles, sino tan sólo los que sean auténticos (sahîh) o al menos buenos (hásan). Únicamente se puede hacer uso de los hadices débiles en estos casos cuando se quiera practicar el ihtiyât, la prevención, como cuando algunos hadices de esa categoría inferior desaconsejan determinados tipos de venta o formas de matrimonio, y se aconseja entonces que se eviten por precaución si bien no se pueden prohibir. Hago referencia a esta regla en esta sección porque a lo largo del libro citaré hadices de diferente grado, y he querido que esta valoración preceda la mención de las tradiciones.

 

         SECCIÓN: Has de saber que al igual que es muy recomendable (mustahabb) la práctica del Dzikr (el Recuerdo de Allah), también es recomendable sentarse en la reunión de su gente (la hálqa o círculo del Dzikr, cuya ‘gente’ son los sufíes). Sobre esta cuestión hay muchos hadices que lo prueban de forma irrebatible, y serán citados en sus lugares oportunos. Entre ellos destacamos:

         a) El hadiz de Ibn ‘Omar (r.) en el que se relata que Rasûlullâh (s.a.s.) dijo: “Cuando paséis junto a los arriates del Jardín, pastad en ellos (tomad asiento)”, y le preguntaron: “¿Qué son los arriates del Jardín?”, y él (s.a.s.) respondió: “Los Círculos del Recuerdo. Allah tiene rondas de ángeles y los envía a buscar los Círculos del Recuerdo, y cuando llegan a alguno de ellos lo recubren (protegiéndolo con sus alas)”.

         b) En el Sahîh de Múslim se cuenta que Mu‘âwiya (r.) dijo que Rasûlullâh (s.a.s.) sorprendió en cierta ocasión una reunión (halqa) de sus Compañeros, y les preguntó: “¿Qué os ha juntado aquí?”. Respondieron: “Nos hemos sentado para recordar a Allah y para alabarlo por el Islam al que nos ha guiado y por los favores con los que nos ha beneficiado”. Sidnâ Muhammad (s.a.s.) les dijo entonces: “¡Jurad por Allah que sólo es eso lo que os ha reunido! No os pido que juréis porque sospeche de vosotros sino porque me ha venido Yibrîl, el Ángel de la Revelación, y me ha informado que Allah presume de vosotros ante los ángeles”.

         c) En el Sahîh de Múslim también se nos cuenta también que tanto Abû Sa‘îd al-Judri (r.) como Abû Huráira (r.) fueron testigos de que Rasûlullâh (s.a.s.) dijo: “Cuando un grupo de personas (qáum) se sienta para recordar a Allah, los ángeles los recubren (con sus alas), la Misericordia (Rahma) los rodea y sobre ellos desciende la Calma (Sakîna), y Allah los menciona a quienes están ante Él”.

 

         SECCIÓN: El Dzikr (el Recuerdo, la Mención del Nombre de Allah) puede hacerse con el corazón o con la lengua, y la mejor forma de invocarle es con el corazón y con la lengua simultáneamente. Si hubiera que limitarse a una, la mejor forma del Dzikr sería la silenciosa (la del corazón). Nadie debe evitar la forma oral del Dzikr por miedo a caer en la hipocresía: el Dzikr debe hacerse con el corazón y con la lengua y la intención de que el acto sea en exclusiva por Allah. Ya se han adelantado las palabras de al-Fudáil en las que sentenciaba que dejar de hacer algo por la gente es fingimiento. El que lo hiciere para evitar el mal de que la opinión de la gente le afecte cierra ante sí puertas hacia otras bondades incluidas en la mención en voz alta del Nombre de Allah, y esa no es la vía de los gnósticos (‘ârifîn).

         ‘Âisha (r.), según recogieron tanto al-Bujâri como Múslim, dijo que el versículo “No grites en el Salât ni lo silencies”(XXII-110) se refería al du‘â, la invocación.

 

         SECCIÓN: Has de saber que el valor y mérito (fadîla) del Dzikr no se reduce al Tasbîh (la pronunciación de la fórmula subhâna llâh), al Tahlîl (la pronunciación de la fórmula lâ ilâha illâ llâh), al Tahmîd (la pronunciación de la fórmula al-hámdu lillâh), el Takbîr (la pronunciación de la fórmula Allâhu ákbar) u otros semejantes. Toda acción realizada en obediencia a la Palabra de Allah es Dzikr, y todo el que la realiza es dzâkir, recordador de Allah, tal como dijo Sa‘îd ibn Yubáir (r.) y con él otros ‘ulamâ. ‘Atâ (r.) dijo: “Las sesiones (maÿâlis) en las que se enseña y se estudia lo que es lícito (halâl) e ilícito (harâm), cómo comprar y vender, y cómo recogerse ante Allah y cómo ayunar, cómo casarse y cómo divorciarse, cómo peregrinar, etcétera, son todas sesiones de Dzikr”.

 

         SECCIÓN: Allah ha dicho en el Corán: “Los musulmanes y las musulmanas, los que se han abierto a Allah y las que se han abierto a Él, los obedientes y a las obedientes, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los generosos y las generosas, los que ayunan y las que ayunan, los que resguardan sus partes íntimas y las que las resguardan, y los que recuerdan a Allah mucho y las que recuerdan,... para todos ellos Allah ha preparado su perdón acogedor y una recompensa inmensa” (al-Ahçâb, 35)”.

         El su Sahîh Múslim recogió de Abû Huráira (r.) que Rasûlullâh (s.a.s.) había dicho: “Se han adelantado los Singulares” -es decir, quienes proclaman la Singularidad de Allah-, y le preguntaron: “¿Quiénes son los Singulares, oh Mensajero de Allah?”, y él (s.a.s.) respondió: “Los recordadores y las recordadoras de Allah con abundancia”. El término ‘Singulares’ se dice Mufarridûn y Mufridûn.

         Has de saber que el versículo mencionado a la cabeza de esta sección es algo a cuya reflexión debe consagrarse el que esté interesado en este libro. Sobre el significado de dzâkirîn (recordadores) y dzâkirât (recordadoras) hay diferentes opiniones. El Imâm Abû l-Hásan al-Wâhidi trasmitió que Ibn ‘Abbâs decía que el versículo se refiere a los que invocan a Allah y recuerdan su Nombre tras cada Salât, y al amanecer y al atardecer, y en sus lechos, y cada vez que se despiertan de dormir, y cada vez que salen o entran en sus casas. Muÿâhid dijo que no se es del número de los que recuerdan y de las que recuerdan a Allah mucho hasta no haberlo invocado de pie, sentado y recostado. Pero ‘Atâ dijo que quien cumple los cinco Salâts como deben hacerse pasa a formar parte de los dzâkirîn y las dzâkirât. Estas son las diferentes interpretaciones recogidas por al-Wâhidi.

         Abû Sa‘îd al-Judri (r.) relató que Rasûlullâh (s.a.s.) había dicho: “Cuando un hombre despierta a su mujer en la noche y se recogen juntos ante Allah realizando dos rak‘as, son inscritos en el número de los dzâkirîn y las dzâkirât que recuerdan a Allah con abundancia”. Este hadiz es mashhûr y lo recogieron Abû Dâwûd, an-Nasâi e Ibn Mâÿa.

         Se le preguntó al Imâm Abû ‘Amru ibn as-Salâh (r.) por la ‘cantidad de Recuerdo’ que hace que alguien sea tenido por uno de los recordadores y las recordadoras de Allah con abundancia, y dijo que cuando alguien persevera en repetir las fórmulas autentificadas recogidas de labios del Profeta (los al-adzkâr al-mâ-zûra) y que él (s.a.s.) recitaba al amanecer y al atardecer y en otros momentos señalados y en circunstancias determinadas, ya sea de noche o de día -y que son las fórmulas que mencionaremos en este libro- pasa a formar parte del noble grupo de los dzâkirîn y las dzâkirât, aquellos y aquellas que recuerdan a Allah con abundancia. Pero Allah sabe más.

 

         SECCIÓN: La mayoría de los ‘ulamâ declaran que está permitida la práctica del Dzikr (la mención e invocación del Nombre de Allah) con el corazón (qalb) y con la lengua (lisân) para quienes están en estado de impureza tanto menor (hádaz) como mayor (ÿanâba) y para las mujeres durante la menstruación (háid) y el puerperio (nifâs). Se refieren al Tasbîh, el Tahmîd, el Tahlîl, el Takbîr, el Salât ‘alà n-Nabí (s.a.s.), el Du‘â y otros similares, porque la lectura del Corán (qirâat al-Qur-ân) es ilícita (harâm) para el afectado por impureza mayor y la mujer en en estado de menstruación o puerperio, ya sea esa lectura mucha o poca, e incluso la lectura de una parte de un versículo, pero les está permitido recitarlo en sus corazones sin pronunciarlo.

         Por otra parte, mis compañeros dicen que está permitido que alguien afectado por impureza mayor y la mujer durante la menstruación pueden decir ante una calamidad “Pertenecemos a Allah y a Él volvemos” (II-156) y al subir sobre una montura pueden decir “Gloria a quien la ha puesto a nuestra disposición: nosotros no la hubiéramos sometido” (XLIII-13), y al invocar pueden decir “Señor, concédenos el bien en este mundo y el bien junto a ti, y protégenos del tormento del Fuego” (II-201), a condición de que su propósito sea recordar a Allah e invocarle (el Dzikr) y no sea su intención la de recitar el Corán. Pueden decir también “Con el Nombre de Allah” y “Alabanzas a Allah” si su deseo no es el de recitar el Corán, aunque tampoco se propongan hacer Dzikr. La falta estaría en pronunciar esas partes del Corán con la intención de que pase por una lectura.

 

         SECCIÓN: Incumbe a quien se disponga a realizar Dzikr (mencionar e invocar a Allah) respetar ciertas reglas que lo adornarán con las mejores y más nobles cualidades para la trascendencia del acto que va a emprender.

         Si está sentado, debe orientarse hacia la Qibla con humildad, devoción, concentración y quietud y bajando la cabeza. Pero si no cumple estas condiciones, su Dzikr sigue siendo correcto y no debe ser censurado. Ahora bien, si no tiene excusa para lo que hace, se considera que hace algo bueno habiendo abandonado la mejor manera de hacerlo. Prueba de que no hay nada censurable en el Recuerdo libre son las palabras que Allah dice en el Corán: “Ciertamente, en la creación de los cielos y de la tierra y en la alternancia de la noche y del día hay signos ciertos para los dotados de inteligencia, los que recuerdan a Allah estando sentados, de pie o recostados, y meditan sobre la creación de los cielos y de la tierra” (Âli ‘Imrân, 190-191). ‘Âisha (r.) contaba que Rasûlullâh (s.a.s.) se recostaba en sus brazos cuando ella tenía la regla, y recitaba el Corán; y también contaba que ella misma recitaba el Corán estando recostada.

 

         SECCIÓN: Es necesario que el lugar donde se vaya a practicar el Dzikr sea tranquilo y esté limpio por respeto a la invocación y al Invocado. Por ello es elogiable el Dzikr realizado en las mezquitas y en los lugares nobles. El Imâm Abû Máisara (r.) dijo que Allah no debía ser recordado más que en lugares perfumados (es decir, buenos).

         También la boca del que va a practicar el Dzikr debe estar limpia. Si los dientes están sucios se limpian bien con el siwâk, y si en la boca hay cualquier resto se elimina con agua. Si se hace el Dzikr sin haberse limpiado antes la boca se considera makrûh (desaconsejado), pero no harâm (ilícito). Si se trata de la lectura del Corán, el no limpiarse la boca se considera aún mucho más desaconsejado, sin llegar a ser harâm aunque hay autores que lo consideran como tal.

 

         SECCIÓN: Has de saber que el Dzikr es deseable (mahbûb) en todas las circunstancias salvo algunas que la Ley (Shar‘) ha exceptuado. Mencionaremos aquí sólo algunas, reservando para su momento las demás, in shâ Allâh.

         Es detestable invocar a Allah cuando se está satisfaciendo una necesidad natural, y durante el acto sexual, cuando se está escuchando la jutba, después de la iqâma, cuando se tiene sueño. Por el contrario, no es detestable en los caminos ni en la sala de baños. Pero Allah sabe más.

 

         SECCIÓN: Lo que se pretende con el Dzikr es provocar ‘la presencia del corazón’ (hudûr al-qalb). El dzâkir (el practicante de Dzikr) debe poner todo su empeño en concentrarse durante la sesión, meditando en lo que dice y asumiendo su significado. La reflexión es exigida tanto en el Dzikr como en la lectura-recitación del Corán, pues ambas actividades tienen en común el objetivo. Y es por ello que se recomienda prolongar al máximo la pronunciación de lâ ilâha illâ llâh (no hay más Verdad que Allah), para alargar la reflexión (el tadábbur). Las sentencias del Sálaf (las primeras generaciones musulmanas) y los imâmes del Jálaf (las generaciones posteriores) son famosas al respecto. Pero Allah sabe más.

 

         SECCIÓN: Quien tenga una Wazîfa de Dzikr (un Hiçb o Wird, un texto acostumbrado para horas determinadas) para los momentos de la noche y el día o para después de cada Salât o para circunstancias dadas, debe realizarlo y no dejar pasar la hora, y si esto sucede debe recuperarlo en cualquier otro momento, afianzándose en esa práctica en lugar de relajarse en ella. Si persevera llegará el momento en que deje de hacérsele pesado y no se apoderará de él la desidia, pero si no se empeña desde el principio la pereza acabará venciéndole y dejará su Wazîfa y el bien que hay en ella se esfumará. Según ‘Omar ibn al-Jattâb (r.), Rasûlullâh (s.a.s.) dijo: “Quien duerma antes de haber recitado su Hiçb, o bien lo haga después de haber recitado la primera parte de su Hiçb, que lo acabe entre el amanecer y el mediodía, y es como si lo hubiese recitado durante la noche”. Este hadiz fue recogido por Muslim.

 

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