
Mi experiencia en el Hayy
(año 2006)
Con
el Nombre de Allah, el más
Clemente, el más
Misericordioso
Por:
Enrique Poncela
Alabado
sea Allah creador del universo,
Único y Todopoderoso. Alabado
sea Allah, creador del universo
que ha expandido los cielos y la
tierra cuando en un principio
era un todo homogéneo y estaba
unido. Alabado sea Allah, que
dio Su orden cuando el cielo era
humo, nebulosa. Alabado sea
Allah que nos ha creado con el
propósito de que le adoremos.
Allah ha dividido a la humanidad
en pueblos y tribus para que, al
multiplicarnos, nos conozcamos y
aprendamos unos de otros, para
que compartamos conocimientos y
experiencias y para que nos
respetemos y vivamos en
hermandad. Alabado sea Allah que
ha prohibido la injusticia, la
opresión y la tiranía. Alabado
sea Allah, que ha gravado en
nuestro interior la fitra, la
tendencia innata que ansía el
reencuentro con Allah y nos hace
reconocer la verdad cuando Allah
nos la pone en el camino.
Alabado sea Allah por sus
innumerables dones, porque mires
donde mires ves Su generosidad y
maravillas. Alabado sea quien ha
creado lo imaginable y lo
inimaginable, quien hace que lo
vivo muera y lo que está muerto
vuelva a la vida. Alabado sea
Allah que nos ha creado de
tierra y nos ha formado en el
cuerpo de nuestras madres cuando
no éramos nada, haciéndonos
humanos. Alabado sea Allah quien
nos va hacer volver a la vida
cuando de nuevo seamos tierra, y
de la misma manera que una
tierra muerta resucita a través
del agua de la lluvia creciendo
la vegetación, así será nuestra
resurrección
In sha Allah. Alabado sea Allah,
que todo lo sabe, nada escapa a
Su ciencia. Él ha creado la
ciencia y sabe cuando cae una
hoja de un árbol, sabe lo que
manifiestan y ocultan los
corazones (incluso algo del
tamaño de un grano de mostaza,
de un átomo o incluso algo menor
que eso) y conoce el movimiento
de hasta la más minúscula
partícula material o inmaterial
que en estos momentos puede
haber en tu corazón, en tu
mente, en tu casa, en tu barrio,
en tu país o en cualquier lugar
de Su creación. El poder de
Allah todo lo abarca y él es el
Sapientísimo, quien todo lo
sabe.
Que la paz y bendiciones de
Allah sean con nuestro querido
Profeta Muhammad (la paz y
bendiciones de Allah sean con
él), anunciado en la Torá y en
el Evangelio como una
misericordia para los mundos,
enviado para todos los pueblos,
razas y tribus de la tierra sin
distinción de ningún tipo. El
mensaje que nos ha sido legado
de Muhammad no hace distinciones
de clase, casta
sexo, nacionalidad, ni existe un
pueblo elegido sobre los demás
ni tampoco hace a unas personas
superiores sobre las otras, sino
que toda la humanidad es sumisa
al decreto de Allah.
Muhammad ha sido perseguido,
torturado, ha sufrido siendo
víctima de intentos de
asesinato, de la muerte de su
queridísima mujer Jadicha, del
brutal homicidio de su tío y ha
luchado hasta lograr que lo que
para el resto de la humanidad es
un ideal, hacerlo realidad: la
consolidación de la Verdad. Con
el permiso de Allah(s.w.t.), el
Profeta Muhammad (s.w.s.)
destruyó los ídolos de la kaaba
y del corazón del ser humano.
Tanto las inertes piedras ante
las que se vertía sangre humana
a modo de sacrificio como los
ídolos que dominaban el corazón
de nuestros antepasados (la
superstición, las “fuerzas
invisibles” que se creía que nos
manejaban, el miedo, el pecado,
el oscurantismo, la
ignorancia…es decir, cualquier
cosa excepto Allah. Tal es el
extravío al que es capaz de
hacer llevar el Shaitán a la
humanidad) fueron sustituidos
por la búsqueda de Allah.
Y así, cuando los falsos dioses
cayeron, el pueblo más
bruto, atrasado y primitivo de
todo el planeta se convirtió en
la civilización más avanzada de
la humanidad. Unió pueblos y
personas hasta entonces en
perpetua guerra, lucharon contra
la tiranía desde Arabia hasta la
península ibérica, demostraron
las más altas cualidades que un
pueblo puede poseer, crearon las
bases de la ciencia, del estudio
histórico, de la democracia y de
la convivencia en la diferencia,
no de manera teórica ni ideal,
sino de manera real, la
verdadera manera de hacer las
cosas. Repartieron
justicia, crearon códigos
humanitarios en caso de guerra,
terminaron con la miseria,
crearon una civilización de luz
y esperanza como reflejo para
toda la humanidad, y han hecho
llegar hasta hoy en día de
manera inalterada las dos
fuentes necesarias para poder
encender de nuevo esa luz, esta
vez inshala para siempre: el
Corán y la Sunna. Al igual que
con la llegada del Islam en el
siglo VII, en estos días debemos
volver a derrumbar los ídolos
que nos rodean (fanatismo,
ignorancia, materialismo,
cobardía, nacionalismo, pereza…)
para que esa luz pueda volver a
brillar in sha Allah.
Como muchos de vosotros sabréis,
éstos han sido los días del Hayy,
los días del año en los cuales
las musulmanas y los musulmanes
nos dirigimos con el cuerpo y el
corazón hacia la tierra donde
resurgió el Din (manera de
vivir) que Allah le dio a la
humanidad, esta vez de una
manera definitiva: el Islam.
Os confesaré una cosa: cuando se
me ofreció la posibilidad de ir
a La Mecca, no me lo creía.
Pensé que bueno, quizá se me
ofreció, pero las cosas se
complicarían y al final podría
no ir. El hermano que me informó
sobre la posibilidad de ir al
Hayy me dijo que hiciera du´a
porque la verdad es que entre
los estudios, el trabajo, la
situación en casa y los
problemas personales estaba un
poco difícil. El tiempo iba
transcurriendo y hacía du´a en
mis Salat, pidiéndole a Allah
que me permitiera ir. Que los
exámenes, mi situación en casa,
el trabajo, todo me cuadrara de
manera que pudiera ir.
Efectivamente todo cuadró a la
perfección y creedme, era muy
difícil, pero no para Allah. Así
salí de mi ciudad a las tres de
la mañana, cogí el bus hacia
Madrid y tras estar allí un par
de días con unos hermanos me
dirigí a Valencia. Tras estar
también un par de días salimos
en bus hacia Barcelona, donde
cogeríamos el avión hacia Amman,
Jordania. Aquí es cuando
comienzas a ver la verdad sobre
ir al Hayy: es una lucha sin
cuartel porque todo se complica,
controles, invalidaciones de
billetes, etc… mientras va
pasando el tiempo antes de volar
vas conociendo a la gente que
está contigo para realizar la
peregrinación y ves que están en
tu situación: no tienen ni idea
de lo que les espera. Una vez en
el avión, volando hacia Jordania
vas conociendo a más gente en el
avión, y finalmente al llegar al
miqat preparas el haram (tomas
la ducha, al gust, y te colocas
las dos prendas quedando así en
estado de Umra). Entonces
realizas dos rakat y
automáticamente se puede decir
que ya eres un invitado a la
casa de Allah. A partir de ese
momento, hay que mentalizarse:
eres un invitado por Allah,
entonces de tu educación y
comportamiento en esta casa
tienes que sacar lo mejor que
haya en tu persona,
especialmente tener mucha,
mucha, paciencia.
Tras ponernos en estado de ihram
y realizar estas dos rakats,
tomamos el vuelo hacia Yedda
(Arabia Saudí). Durante el
vuelo, hablando con la gente de
al lado sobre Corán, aleyas que
te llaman la atención, etc... el
tiempo se pasa más rápido.
Después muchísimo duaá en grupo:
“Labbayka Allahumma Labbayka…” (Du´a
de respuesta a la llamada de
Allah). Y nada más llegar a
Arabia Saudí, más paciencia:
controles, esperar colas
kilométricas después de toda una
noche de viaje sin dormir… A
continuación esperar cuatro
horas más por el autobús en el
aeropuerto. Allí por lo menos
ves la luz del día. El cielo en
Arabia es como liberador, está
despejado, te da una sensación
de libertad extraña. Es como si
en la ciudad donde vives las
edificaciones y las estructuras
arquitectónicas oprimieran, sin
embargo ahí el cielo, su color,
su inmensidad estuviera por
encima de cualquier actividad
humana (que por cierto, hay
mucha y muy bien elaborada).
Después de esa espera,
quedándote dormido y despertando
una y otra vez, con el sueño
alterado y con algo de resfriado
y fiebre, cogemos el autobús y
nos dirigimos hacia Mecca. Aquí
es donde comienza la parte
fuerte, donde se manifiestan las
sorpresas y los descubrimientos.
Llendo en el bus abarrotado de
gente durante unas tres horas,
con un calor abrasador (soy del
norte), resfriado con fiebre,
con el sueño alterado, sin
comer, etc…. como la mayoría de
la gente que venía con nosotros,
me encontraba muy mal, estaba
frío, pálido, medio enfermo.
Paramos en un lugar donde nos
dieron unas botellas de agua, se
trataba de agua de Zam-Zam. Este
agua proviene de un manantial
que se formó de manera milagrosa
en medio del desierto hace cinco
mil años, tiene una calidad en
cuanto a pureza en su
composición que la hace única en
el mundo, ha sido corroborado
por estudios científicos que su
origen es desconocido y las
propiedades de dicha agua
inéditas en el planeta. Como
dice la tradición profética,
Sunna de Muhammad (S.W.S), fue
el ángel Yibril quien con el
permiso de Allah dio un golpe y
comenzó a brotar este manantial.
Aquí tenemos un milagro de Allah
en Mecca. Pues bien, cuando
comencé a leer sobre este tema
en un principio era un tanto
escéptico a decir verdad, ya que
pensaba algo así como: “Bueno,
esta agua puede ser muy buena,
pero milagrosa…no se, a lo mejor
los musulmanes lo tienen
idealizado y al beberlo dicen
que se mejoran pero es una
cuestión más psicológica que
otra cosa…” pero como todo en el
Hayy, quité esa mentalidad de
presuponer cosas y dije: “Que
sea lo que Allah quiera”. Me
dieron el agua, bebí de ella, y
lo primero que noté fue como
unas chispitas en todo el cuerpo
y a los dos segundos noté como
la cabeza no me dolía y me
desaparecía la fiebre y el
malestar, luego notaba que la
palidez ya no la tenía e
inmediatamente que tenía buen
humor (todo en cuatro, cinco
segundos más o menos). Después,
lo normal sería sorprenderse,
pero realmente no me sorprendí
porque estamos en los días del
Hayy, las cualidades del Zam-Zam
son descritas en la Sunna y como
dice Allah en el Corán, en Mecca
hay señales claras. Una vez más,
las enseñanzas islámicas vuelven
a tener razón sobre la lógica
racionalista (y acorde con la
lógica racional: Allah, al ser
el creador del universo, lo
puede todo. Hace lo que Le
place). Bajamos a los 10 minutos
del bus para descasar y un
compañero de viaje me dijo:
“Kike, te ha cambiado la cara,
pareces otro”. En ese momento
eran las 19:30 de la tarde
aproximadamente, y pasé de estar
destrozado a querer llegar a la
Kaaba para hacer la Umra.
Estaba nuevo, como si todo el
viaje desde que me fui a las
tres de la mañana desde mi
ciudad no hubiera pasado y me
levantara fresco de cama, pero
en las afueras de Mecca. Subimos
al autobús, andamos una hora
más, entonces
cambiamos de bus. A
continuación, en este segundo
bus, paramos una media hora para
hacer otro control y finalmente
llegamos a Mecca.
Lo primero que ves al llegar a
Mecca es que se trata de una
ciudad que para bien o para mal,
está en boca de todas las
personas del mundo y cuando la
ves con tus ojos, entiendes por
qué. Lo primero que ves, son a
las personas. Humanidad. Hay más
personas que casas, que metros
en un edificio y que elementos
materiales en la calle. Ves a
personas caminando de un lado a
otro sin parar en un movimiento
constante con sus vestidos
tradicionales, las chicas con
sus pañuelos. Venidas de todas
las partes del mundo, la gente
no cabe en las aceras y tienen
que ir por la carretera, todo
abarrotado de gente y sin
embargo no ves un accidente.
Escuchas recitaciones del Corán
a todo volumen y música
tradicional, te preguntas: ¿Hay
una fiesta dentro de la
espiritualidad que ves, o es la
espiritualidad verdadera una
fiesta? Porque Mecca es como una
fiesta, las personas que asisten
a una fiesta siempre buscan algo
que no encuentran, pero en Mecca
todo el mundo encuentra lo que
busca.
Tras instalarnos en la pensión,
mientras la gente descansaba
bajé a la calle y comencé a ver
que cada vez había más gente y
cada vez más dispar. Entonces es
cuando piensas lo siguiente:
Mecca es la ciudad por
excelencia en la Tierra, es lo
opuesto al individualismo y a la
soledad y desesperación que las
personas sufren y que tan
fácilmente se reconoce en los
rostros. Mecca es una ciudad muy
simplona, está en el desierto
pero sin ser desierto, entonces
tampoco tiene ese elemento
exótico que muchos pueden llegar
a imaginarse. No. Mecca es
simple, una ciudad sencillísima
en todos los aspectos, una
ciudad que hasta los más nuevos
edificios son de mucha calidad
pero sencillos y sin alardes.
Todo es muy “rural” pero sin ser
rural ya que también hay
modernidad pero nada babilónico,
es todo muy sencillo. Es una
ciudad que no destaca por nada.
Incluso la Kaaba es un simple
cubo negro de miles de años de
antigüedad y tampoco es ningún
alarde artístico, sólo marca una
dirección. Y es ahí donde
precisamente te sorprende más:
¿qué tiene esta ciudad tan
sencilla que la hace tan
especial, que le da ese
ambiente? Y digo “que le da ese
ambiente” porque mucha gente
debido a la influencia de la
religiosidad creada por parte de
la iglesia romana tiende a tener
pensamientos acerca de Mecca
como “ciudad santa” como si
hubiera reliquias o la gente
estuviera en éxtasis religioso,
o fuera un lugar de retiro
espiritual donde hay soledad y
seriedad. No, para nada, es una
ciudad totalmente humana y
destaca precisamente por su
radical humanidad, la gente de
allá para aquí, se come en la
calle, se hace Salat, se habla,
se ríe, se conoce a gente, todo
el mundo habla con todo el
mundo… insisto, es muy humana y
no prima ni el materialismo
aunque haya muchísimos zocos ni
la beatería religiosa aunque
esté la Kaaba. Lo que existe es
una espiritualidad telúrica,
equilibrada, sencilla, humana,
universal y a fin de cuentas
real, demostrable en la
convivencia de gente tan dispar
que allí se junta. Sé que a
alguna gente le puede chocar que
diga que existe un ambiente
festivo porque pueden objetar
que debería ser solemne, al
tratarse de estar cerca de lo
que los musulmanes reconocemos y
aseguramos sin ninguna duda como
La Verdad, pero yo digo: es que
lo natural es estar alegre,
estar como en una fiesta (como
es Mecca) porque, si tú estás
cerca de una persona que
quieres, o estás tan cerca como
en su casa no estás serio, estás
feliz. Estarías serio si
estuvieras lejos y tuvieras que
buscarla, pero sabiendo que
estás en su casa estás feliz.
Por eso Mecca es tan dinámica y
alegre, no es un retiro, es una
inmensa fiesta porque las
personas están cerca de lo que
es más querida para ellas: Allah.
El primer día hicimos la Umra.
Llegamos a la mezquita de Mecca
y entramos hasta la Kaaba. Vimos
la Kaaba por primera vez.
Hicimos el du´a que le
corresponde y entramos a la
explanada. Ni que decir tiene
que la explanada está
abarrotada, que es todo una
odisea hacer el tawaf
(circunvalación de siete vueltas
alrededor de la Kaaba) y que
sobretodo es impresionante estar
ahí. Voy a dedicar un párrafo
largo a la experiencia de
circunvalar la Kaaba porque la
verdad es que es especial por su
simpleza y profundidad.
Al comenzar la circunvalación,
lo primero visible es la Kaaba
en particular, muy grande (unos
veinte metros de alto
aproximadamente) y miles de
personas alrededor dando vueltas
en la misma dirección (que
coincide con la dirección de las
partículas elementales que
circulan alrededor del núcleo
del átomo: protones, neutrones)
Ves, mujeres, niños,
adolescentes, ancianos, gente en
silla de ruedas… todo el mundo
quiere adorar a Allah, todo el
mundo quiere Su complacencia,
todo el mundo ama a Allah y cada
uno tiene su manera de
expresarlo: unos lloran, otros
ríen, algunos leen el Corán,
grupos de gente hacen du´a,
gente individualmente va
haciendo dikr, hay quien busca
acercarse lo más posible a la
Kaaba, en fin, ves acciones de
todo tipo y una vez más te das
cuenta de la riqueza del Islam,
cada persona adora a Allah como
lo siente, no es nada uniformado
ni rígido, es muy libre, las
personas se van liberando a
medida que dan vueltas y piden
por sus familias, sus padres y
madres, sus seres queridos, sus
hermanos y hermanas en Allah, la
Umma, la humanidad sufriente,
alaban a Allah, recitan el
Corán, y todo ello haciendo un
movimiento universal: el
circular, el más sencillo pero
el más certero: el comienzo y el
final, como la vida, sin
angulaciones que marquen curvas
de inflexión, la igualdad total
en la perfección del movimiento
como la rotación de los astros
en la infinidad del universo,
aprovechando cada vuelta como si
fuera la última en la vida, con
pasión pero con razón,
respetando a los que están
alrededor, que son miles.
(Siempre hay algún choque, es
normal, pero casi siempre se
arregla con una sonrisa y un
abrazo). A medida que vas dando
vueltas, te das cuenta de otra
cosa: notas inshala la baraka
descendiendo desde el cielo,
notas como algo que cae fluyendo
alrededor de esa inmensa masa de
gente, notas como los du´a suben
y las bendiciones bajan, las
personas que estuvieron en Mecca
saben a lo que me refiero. Y no
es ningún éxtasis religioso
extraño producto de la devoción
ciega, es un proceso tan normal
como que un grupo de gente
realizando una misma acción sin
brusquedad, con respeto y con
confianza certera en Allah
recibe su recompensa. En ese
momento, toda esa gente está
dando lo mejor de si, y Allah
sin duda les da lo que merecen.
Debéis tener en cuenta, vosotros
que estáis leyendo, que quien os
está contando esto es una
persona que no ha nacido con el
Islam, que hizo la Sahada justo
un año y cuatro días, que era
totalmente escéptico antes, que
no le importaba lo más mínimo
los temas que tuvieran que ver
con Dios y que además siempre
está a la defensiva en temática
espiritual, y os aseguro que al
entrar en la Kaaba iba con la
mosca detrás de la oreja, decía:
“a lo mejor los musulmanes
tienen el sitio idealizado y
pierden la razón con la pasión,
entonces son ellos quienes
idealizan el sitio”. Os repito
que no tenía ni idea de con lo
que me iba a encontrar. Pero,
¿qué es lo que me encontré? Pues
sencillamente con un cubo negro
sin ninguna forma especial ni
valor, que simplemente marca una
dirección. ¿Qué se va a
idealizar ahí? ¿Y qué más hay
ahí idealizable? Pues nada,
porque precisamente el objetivo
es Allah y nada más. Ahí está la
grandeza de Allah, aglutina a
millones de personas en un sitio
que no tiene ningún valor porque
todo el valor, toda la
adoración, todo el amor y todas
nuestras lágrimas y energías,
nuestras gratitudes, vidas,
muertes, sueños, oraciones y
súplicas le pertenecen a Allah.
Así es Allah, creador del
universo, de la misma manera que
poderosos emperadores y
titánicos faraones murieron en
el olvido y sin embargo coge a
un niño pobre sin padre en un
arrabal de Jerusalén y lo
convierte en una de las personas
más admiradas de la humanidad
(Isa, la paz de Allah sea con
él), las ciudades más poderosas
de la humanidad a lo largo de la
historia fueron destruidas,
conquistadas y olvidadas, sin
embargo en plena época de
materialismo y ateísmo es capaz
de hacer que la adoración que Le
pertenece no decaiga lo más
mínimo, es más, aumente de
manera radical insisto, en esta
época de crecimiento de la
descreencia, en la ciudad más
sencilla y perdida dentro del
templo más simple alrededor de
la casa de adoración más antigua
y primitiva: la Kaaba.
Por otra parte, mientras estás
dando las vueltas piensas en una
cosa: todo lo que tú estás
haciendo, lo que esa mujer de
India hace, ese señor afgano
hace, ese niño malayo hace, ese
grupo de indonesios hace, es
exactamente lo mismo que los
profetas hicieron, ahí
estuvieron Ibrahim, Isa,
Muhammad, etc…. haciendo
exactamente lo mismo sin innovar
nada. ¿Y que se va a innovar en
dar vueltas alrededor de un
simple cubo? Allah es sabio…Es
decir, sabes con seguridad que
estás adorando a Allah como él
quiere, sin asociarle nada,
sientes que esa baraka cae como
caen las hojas en otoño,
despacito, con suavidad, es que
lo notas. Hermanas y hermanos,
cuando estéis ahí también
vosotros lo notaréis inshala.
El primer día me perdí del resto
del grupo en la sexta vuelta,
entonces como no sabía bien con
total seguridad como continuar
la Umra me fui a la pensión
(tras estar dos horas buscando a
la gente) bastante fastidiado.
Pensé: “Que mal, que mal, me he
perdido, empezamos bien…” y me
puse muy mal porque no sabía si
la había perdido o
qué pasaría. Después me dijeron
que la podía continuar sin
problemas al día siguiente y así
lo hice. Es muy importante no
desesperarse ya que todo lo que
le ocurre a una persona en la
vida es porque Allah quiere,
entonces siempre es bueno y si
es algo que pensamos que es malo
(y que sin saberlo puede en
realidad ser bueno) debemos
decir Alhamdulilah y aprender de
eso. Eso en la vida diaria, pues
imaginaos en el Hayy!!!! Al día
siguiente, sin ningún problema,
hice Safa y Marwa, las dos rakat
y finalmente me corté el pelo,
acabando así esta primera Umra.
Como hice cinco Umra, pude
llevar a cabo el tawaf desde los
distintos pisos. En primer lugar
está la explanada que es lo
mejor; está el piso uno, que
bordea la Kaaba desde la altura
y finalmente está la parte de
arriba que es una azotea gigante
que también la bordea. Yo pude
hacerla desde esas tres partes,
pero si os digo la verdad, lo
mejor es hacerla en la explanada
aunque cueste más. Además de ir
a la mezquita de Mecca para
hacer Umra, también hacíamos
tawaf voluntario y el Salat. El
Salat es impresionante. Ves a
miles de personas buscando y
luchando por un sitio, como
vienen los vigilantes de la
mezquita y les quieren echar,
entonces hacen como que se van y
cuando los guardias van a
reprender a otro vuelven. La
gente busca cualquier rincón,
cualquier parte, cualquier
mínimo sitio, es un gran
esfuerzo encontrar un sitio en
la mezquita para hacer Salat, es
muy difícil. La verdad es que he
visto a gente perder dinero y
buscarlo, o algo de valor y
buscarlo, pero no con tanto
empeño como esta gente que lo
que buscan es un sitio
cualquiera para, hacer el salat!!!!
Adorar a Allah, esa es la
recompensa a esa búsqueda donde
tienes que esquivar a
vigilantes, correr a través de
las filas, buscar un hueco en el
que no te echen para poder hacer
Salat. Es decir, la gente casi
se “pelea” no por nada material,
sino por poder adorar a Allah.
Otra cosa impresionante es hacer
la Salat en el piso de arriba de
la mezquita. Escuchar el Azhan,
la iqama, bufff…. Es
impresionante. Es mejor aún
hacerla cerca de la Kaaba,
después os cuento eso. Una vez
que terminas la Salat desde
arriba mucha gente va a ver la
circunvalación desde una
posición de altura, es decir,
ves a la gente dar vueltas abajo
y tú los ves desde arriba (más o
menos desde ciento cincuenta
metros). Pues viendo todo eso te
das cuenta de otra cosa: lo que
ha provocado un Libro. Ha
provocado que una ciudad
insignificante sea la ciudad más
visitada del mundo y viendo a
millones de personas ahí, en
vivo y en directo, sin sitio ni
para un alfiler, te preguntas
(aunque ya sabes la respuesta):
¿Qué clase de libro es capaz de
hacer esto? Porque no es un
pueblo, ni unas razas, ni son
unas nacionalidades de un
continente del mundo ni siquiera
de bastantes países, es que son
todas!!!!! De todas partes, y
una cantidad que no cabe nadie
más en la ciudad además de la
gente que ha sido denegada por
Arabia Saudí ya que el número de
visitantes tiene un límite, y
eso que los no musulmanes no
pueden entrar!!!! Ni siquiera
hace falta proteger a la ciudad
porque como dice Allah en el
Corán, está protegida. Y es que
esa masa humana la ocupa de
manera permanente.
Ahí es donde comprueban en vivo
y en directo cómo todas las
mentiras que a lo largo de tu
vida has escuchado se esfuman al
entrar en contacto con la
realidad más directa del Islam:
Mecca. No es el Al Andalus de
hace siglos ni el Irán actual,
ni se trata de ninguna cultura
concreta con sus peculiaridades:
es Mecca, la esencia del Islam,
la ciudad que nadie vio y de la
que todo el mundo habla, ¿y cómo
es Mecca? Pues es PAZ, entre la
gente más radicalmente diferente
que te puedas imaginar y es
CONVIVENCIA entre millones de
personas en un espacio muy
pequeño.
¿Resultado de todo ello? La
gente que está ahí pasa los
mejores momentos de su vida.
También piensas: ¿Esto es porque
el ser humano se hizo perfecto y
ya no miente, no engaña, no
altera las escrituras o la
manipulación de las fuentes pasa
en todos las religiones pero es
que con el Corán no pueden? Es
que con el Corán no pueden, está
protegido también al igual que
Mecca porque sino, ya lo habrían
manipulado y habrían hecho como
en otras ciudades “santas”,
convertirla en un mercado de
“espiritualidad”. Y no han
faltado intentos a lo largo de
la historia por falsear el
Corán, pero todos han fracasado.
Y eso lo ves en la Mecca en tres
dimensiones, ves como la gente
acude en masa a la adoración y
la práctica de Allah permanece
inalterable. Pero insisto, verlo
en tres dimensiones es todavía
más impresionante.
Os voy a contar una anécdota: la
mezquita, como os indiqué antes
y además os imaginaréis, está
abarrotada de gente y no hay
sitio para nada, está a tope. Al
segundo día,
después de dormir, fuimos a
realizar la Salat. Bajando las
escaleras, vimos que los
pasillos estaban abarrotados de
gente dispuestos a hacer la
azalá y que no se podía andar.
Yo pensé: “¿Cómo es que toda
esta gente no va a la mezquita
si llevan tiempo aquí ya y
podían ir en vez de quedarse? De
esta manera, con toda la pensión
abarrotada de gente no puedes
caminar hacia la salida y
entonces volví a la habitación
para hacerla de una vez y
resulta que el pasillo de mi
habitación también estaba
abarrotado, cogí un hueco en una
pequeña esquina del pasillo
(donde pude) y allí realicé la
Salat. Pensé: “Que raro, ¿por
qué estará tan abarrotado el
hotel?” Ese día lo pasamos
entero en la mezquita todos
juntos, haciendo Salat,
circunvalando y reunidos en
grupo haciendo un círculo con
alfombras y haciendo preguntas
al sheik, contando experiencias…
Entonces lo que pasó ese día en
el hotel no lo entendí hasta el
día siguiente. Al día siguiente
me levanté para el dorg (por que
el Fayr o As-subh lo hacíamos en
la mezquita después de pasar
allí toda la noche
circunvalando) y también estaba
abarrotada la pensión pero esta
vez pude ir hasta la puerta y al
intentar alcanzar la calle para
ir hasta la mezquita (que estaba
a ochenta metros de la pensión)
comprobé que la calle estaba
abarrotada por completo de
gente, no se podía caminar.
Todo. La carretera, las aceras
(ya no distingues entre una cosa
y la otra) estaban más
abarrotadas que los pasillos de
la pensión. Todo lleno de
alfombras y gente. En realidad
todo Mecca es un reflejo de su
mezquita, a la hora de la Salat
no hay sitio. Subí como pude a
la habitación de nuevo y desde
la ventana del piso séptimo
visualicé toda la ciudad y
estaba igual, no ves el asfalto
del suelo, solo millones de
cuerpos, cabezas y alfombras
preparadas para la Salat.
Millones de cuerpos ocupando la
ciudad. La mezquita se abarrota
y la gente se prepara en los
alrededores. Pero cuando los
alrededores se abarrotan la
gente coloca sus alfombras por
las aceras, luego en la
carretera, la gente de las
tiendas convierte sus tiendas en
mezquitas improvisadas y
finalmente no se puede caminar
porque ya no hay más sitio.
Entonces comienza la Salat, y
reina el silencio absoluto. Sólo
se escucha la recitación y al
Iman, suspiros que dicen: Allahu
Akbar y pequeñísimos murmullos
de duas, pero el temor a Allah
se manifiesta a través de un
silencio absoluto. Finalmente,
al terminar, la gente se va cada
una a un sitio (generalmente a
la mezquita, como era nuestro
caso) y no pasa ningún incidente
a pesar de la cantidad tan
enorme de gente que allí se
reúne. Entonces dices: Allahu
Akbar!
Es impresionante, y la ciudad
pasa de la calma absoluta de la
Salat a la fiesta de nuevo, el
camino hacia la mezquita, los
zocos, la gente haciendo Salat
voluntario por todos lados, la
música tradicional, la
recitación del Corán y todo el
encanto de Mecca. Después vuelve
al Salat y lo ocurre lo mismo,
el silencio absoluto, para luego
volver a la fiesta. Y este orden
se mantiene ininterrumpidamente
durante mil cuatrocientos años y
continúa, es como la
circunvalación: se da la vuelta
a la Kaaba, y al pasar de nuevo
a la altura de la piedra negra,
se completa otra vuelta más y
continúan igual millones de
personas en una práctica
inalterable.
Más arriba os indiqué que os
hablaría acerca de realizar la
Salat cerca de la Kaaba. Como os
imaginaréis es casi imposible,
porque la avalancha de gente es
tal que ni siquiera dentro de la
mezquita en los sitios comunes
(atrás, en el medio…) se puede
realizar la Salat con
tranquilidad, siempre lleno de
gente y abarrotado. Pues bien,
en más de una ocasión estuvimos
cerca de la Kaaba, pero la vez
que más sentí la Salat en la
Kaaba fue la primera vez que la
hicimos cerca de la misma. Allí,
al segundo día al lado del cubo,
donde están las escaleras
tuvimos que hacer las rakat sin
poder postrarnos en suyud, sino
que la hicimos de pie y al
postrarnos nos sentábamos en las
escaleras y realizábamos el
suyud doblando la espalda, el
cuello y dirigiendo la mirada al
suelo. Era la Salat del Az-zuhr,
y el cielo estaba claro. Al
realizarla tuve una sensación de
bienestar impresionante. Fue
única en mi vida. Pensé
entonces, que quizá Mecca es
como la ciudad natural del ser
humano de la misma manera que el
Islam es el Din (modo de vida)
correcto para el ser humano.
Para que nos entendemos y espero
que no suene a frivolidad, es
como si Mecca hubiese sido mi
barrio, o como si en mi barrio
toda la vida hubiera algo de la
esencia de Mecca pero que ha
sido velado por otras cosas, así
en todas partes y sólo en Mecca
se mantiene esa sinceridad, esa
inocencia de una ciudad que es
lo que la hace tan grandiosa
siendo tan humilde. Digamos que,
si a nuestros barrios le quitas
la droga y la sustituyes por la
Salat, quitas la amargura y
soledad de las gentes y la
sustituyes por el recuerdo de
Allah (Dikr), muchos velos
caerían en nuestras ciudades.
Quizá la gente viera el engaño
al que son sometidos, se diera
cuenta que para ganar lo mejor
es compartir y que para animar
una fiesta no hay mejor música
que la recitación del Corán en
la libertad de la calle, llendo
alegremente de un lado hacia
otro y recordando que no hay
divinidades, hay Allah como
Suprema Realidad y que las
supersticiones, miedos y
supercherías de la gente en
realidad son intentos
perjudiciales por eludir la
realidad de la presencia de
Allah y que sólo genera daño
contra ellos. Inshala las gentes
se den cuenta. Hermanos,
vuestros du´a por nuestros
vecinos y compatriotas no
musulmanes que, aunque lo
nieguen, necesitan
desesperadamente a Allah. Pedid
por ellos, porque hubo un día
que muchos de nosotros fuimos no
musulmanes y nuestras hermanas y
hermanos nos guiaron.
Me gustaría hacer un alto en mi
explicación y tratar de explicar
un asunto del que hablé líneas
atrás y pienso que se trata de
un factor importante para
aclarar. Se trata del hecho de
que Mecca y Medina sean ciudades
Haram (prohibidas) para los no
musulmanes. Si tú, quien estás
leyendo esto eres no musulmán,
posiblemente te preguntes por
qué es una ciudad prohibida para
ti, siendo el Islam
universalista y abierto a todos
los seres humanos. Efectivamente
es un asunto que puede dar pie a
muchas interpretaciones
erróneas, una de ellas que el
Islam es exclusivista.
Precisamente el Islam es todo lo
contrario al exclusivismo, no
puede ser más abierto: árabes,
indios, españoles, brasileños,
chinos, coreanos, turcos,
indonesios, palestinos,
franceses, suizos, chilenos,
afganos, tailandeses, egipcios,
argelinos, marroquíes,
estadounidenses, etíopes, piensa
cualquier país del mundo y en
Mecca encontrarás como mínimo un
grupo de gente de ese país
(hombres, mujeres, niñas, niños,
adolescentes, bebés, ancianos…).
Entonces, ¿Cómo es posible que
sea una ciudad prohibida para
los no musulmanes? ¿No se trata
esto de una clara contradicción?
Efectivamente, es algo demasiado
evidente como para que de una
contradicción se trate. El Islam
es la verdad Al Haq y como tal,
la verdad no engaña a nadie
porque sino sería mentira. Y
como el Islam no engaña a nadie
y dice las cosas muy claras, de
manera rotunda, (¿Quién no se
sobrecogió la primera vez que
leyó el Corán?) el Islam prohíbe
entrar a los no musulmanes en la
Mecca porque sino engañaría a
los musulmanes. Porque sino
sería un “mercado de
espiritualidad” en el que
cualquiera puede “consumir” sin
cumplir ningún requisito. ¿Qué
tipo de alumnos y futuros
profesionales prepara una
universidad que ni siquiera
exige una nota de corte mínima?
¿Y si ni siquiera exige nota de
corte?¿Ni examen de acceso? ¿Ni
tiene señalada una edad mínima
para el ingreso?
Hace años a un amigo mío que era
un estudiante muy brillante
abandonó el colegio en el cual
estudiaba, entonces fue a un
instituto en el que el requisito
mínimo era cubrir los datos y
entregar una foto del carnet de
identidad. Estuvo dos años en
ese centro, suspendió, perdió el
hábito de estudiar, adquirió
vicios que antes no tenía y dejó
los estudios.
Sin embargo Alhamdulilah a mi me
ocurrió un poco lo contrario.
Era mal estudiante desde muy
pequeño y me fui a matricular en
el centro más exigente de la
ciudad. Para ser admitido tuve
que optar para una plaza
pendiente y me hicieron una
entrevista personal de más de
una hora y eso que también se
trataba de un centro público. Me
admitieron, rectificaron y
dijeron que no. Más adelante me
volvieron a decir que sí, y me
dijeron todas las condiciones.
Me pareció mucha parafernalia,
ahora bien, en ese centro tan
exigente aprendí a estudiar de
manera efectiva y a pesar de ser
el centro de más alto nivel de
mi ciudad aprobé todo y aprobé
selectividad a la primera sin
ningún tipo de problema.
Exigían, pero la claridad de sus
enseñanzas, la calidad en sus
explicaciones su profesionalidad
(lo digo a sabiendas, ya que
estudio magisterio) como
docentes me sorprenden aún hoy.
Entonces la diferencia a la hora
de admitir a la gente es
importante. No se trata de
clasismo ni nada por el estilo,
se trata de cumplir con un
mínimo para que no salga
perjudicado ni una parte ni la
otra. Cualquiera podía entrar en
el centro que me matriculé, pero
tenía que cumplir con el
reglamento. Era rígido, pero era
lo que había y te lo daban por
adelantado. Si quieres esto,
tienes que dar algo a cambio. Si
quieres algo de valor tienes que
ganártelo, algo por otra parte
lógico. En el Islam no pide que
seas de una raza especial, ni de
un pueblo elegido, ni que tengas
un nivel económico determinado,
ni siquiera que dejes a nadie
que haya sido tu amigo, ni que
te alejes de tu familia y padres
por Dios, es más, te exige lo
contrario, que los quieras más,
estés más cerca de ellos y los
trates todavía mejor. Tampoco te
exige que seas una persona
diferente, todo lo contrario, te
pide que seas tú al cien por
cien, abandonando los hábitos
que te impiden mejorarte como
persona. El único requisito para
entrar en Mecca es decir “La
illaha ila Allah wa ashadu anna
Muhammad Rasul Allah”. Decir una
frase, esto es lo único, el
requisito para entrar en Mecca.
¿Y por qué? Pues porque con esta
frase comprendes que los
“dioses”, las ilusiones, las
supersticiones, etc…. no existen
y sólo existe Allah, la Verdad
Única. Por lo tanto, buscar la
“verdad”, la “religión
verdadera” es inútil, y sólo te
va a llevar a que te engañen,
que te vendan una
“espiritualidad” acorde con tu
ego, con “la verdad” que buscas,
sólo tienen que preparar con
retórica bellas palabras y que
te enganche. El Islam no. El
Islam te dice: “mira la
naturaleza, el mundo, las
estrellas, el universo, una
hormiga, un mosquito, mires
donde mires todo nace y muere,
nada es divino, pero si hace
falta algo divino que lleve a
cabo todo esto (lo que la gente
llama “Dios”). Si vas a un país
donde jamás llegó nada del
cristianismo y les hablas de
Jesús (La paz de Allah sea con
él) no van a saber quien es, si
vas a un grupo de gente,
pongamos una tribu de una parte
del mundo que no les haya
llegado información acerca del
Islam y les hablas del Profeta
del Islam, Muhammad, no van a
saber quien es, si vas a una
comunidad indígena del Perú, por
ejemplo, y les hablas de Buda no
van a saber quien es, pero si
coges a cada uno de ellos y les
preguntas quien creó el
universo, los cielos y la tierra
te van a decir: “Dios” , “la
suprema verdad”, etc…(cada uno
en su idioma). Hasta los ateos
reconocen “que algo hay”. Pues
si te das cuenta, eso es lo que
te enseña el Islam. Y si vas a
Mecca esperando encontrar “la
verdad” te vas a decepcionar
porque hay no hay nada especial,
nada divino. Porque los signos
de Allah están en todas partes,
en el cielo, en la tierra, en
los mecanismos que rigen los
órganos de tu cuerpo, los
nacimientos, el comportamiento
animal…. En todas partes. En
Mecca hay los mismos signos, en
principio nada en especial.
Ahora bien, si vacías tu ego de
ilusiones, de fantasías, etc… y
sencillamente vas como una
persona más a realizar el Hayy,
ni más ni menos que nadie, te
vas a dar cuenta de muchas
cosas. Sigues los pasos de todos
los profetas, su guía sin
alteración y vas sintiendo
muchas cosas, recuerdas partes
de tu vida, y te das cuenta que
estás aprendiendo cosas que no
sabes ni lo que son, pero que
estás absorbiendo algo de
muchísimo valor. Es como cuando
un niño aprende a sumar, sabe
que está haciendo unas cosas de
matemáticas pero no sabe que en
un futuro eso le valdrá para
saber medir el tiempo, saber
cuanto le pagarán, llevar las
cuentas de una familia, etc… Te
das cuenta que estás cumpliendo
con el Hayy, lo que tienes que
hacer por Allah lo estás
haciendo con Su permiso, sabes
que tus du´a están siendo
escuchadas pero sobretodo notas
que estás ganando algo de
infinito valor y no sabes lo que
es… pero siempre con la atención
puesta en lo que estás haciendo,
sin despistarte ni un segundo
por temor al error, aunque sabes
que Allah perdona el error
involuntario no le quieres
fallar.
Junto con el Tawaf se debe
realizar Safa y Marwa, que es el
segundo paso para realizar la
Umra. Partiendo de un punto a
otro de la montaña (abarcada
dentro de la mezquita) se
recorre la distancia que Hagar
(La madre de Ismael) recorrió
para buscar a su hijo. Es un
momento donde, al igual que en
el Tawaf, se debe aprovechar
para hacer du´a. Se realizan dos
du´a, una al llegar a cada punto
donde das la vuelta y comienzas
de nuevo. Además, en el camino
haces du´a también y ciertamente
es muy especial. Todas las
personas que están ahí también
buscan algo: el perdón de Allah,
el perdón para sus hermanas
hermanos y seres queridos, la
guía para la gente perdida, la
justicia para todo el mundo, el
discernimiento entre lo correcto
y lo erróneo y todo lo que una
persona puede pedir a su
Creador. Hay un momento en el
que se debe aligerar el paso y
echar una carrera de unos
cincuenta metros que representa
un momento de la búsqueda muy
especial: la madre pudo oír los
lloros del niño y apresuró el
paso hacia su búsqueda.
Particularmente me acordé de
todos mis “Ismaíles”, porque
todos conocemos y tenemos a
nuestros “Ismaíles” que están
perdidos, pido a Allah que al
final todos los “Ismaíles”
(míos, vuestros y de todo el
mundo) terminen como el Ismael
de Hagar (Paz y bendiciones de
Allah para ambos).
Después de realizar Safa y Marwa,
se realizan dos Rakats recitando
Corán después del Al Fatiha
(preferiblemente Itjlas y
Kafirun). Es ideal realizarlas
cerca de la Kaaba si es posible,
pero puedes realizarla donde
puedas. A continuación te cortas
el pelo y completas así la Unra.
El segundo paso en el orden de
nuestra peregrinación es
realizar el Hayy, es decir, la
peregrinación mayor. Consiste en
estar en Arafat (monte donde el
Profeta dio el último sermón)
haciendo du´a y dikr. Estando
ahí te haces consciente de
varias cosas. Una de ellas es
por qué el desierto es la cuna
de la espiritualidad. Y es que
al no haber nada de creación
humana, sólo arena y cielo, eres
totalmente consciente de la
creación de Allah. No hay nada,
sólo la obra de Allah y el
contacto con unas pocas personas
(también creación de Allah). De
esta manera, el margen de
cometer errores se reduce puesto
que apenas tienes nada que te
seduzca a algo. Entonces tienes
una tranquilidad total, tienes
todo el tiempo del mundo para
dedicarte a Allah, o más bien no
tienes tiempo porque el tiempo
ahí no existe casi, puedes
calcularlo por la luz del sol
pero no existe la tensión ni la
prisa, sólo el paso del día y la
noche. Estás ahí, en tiendas de
campaña con otras gentes que
nunca viste, y en unos minutos
ya conoces como si fueran de
toda la vida. Coincidimos con un
grupo de musulmanes brasileños,
gente encantadora. A uno de
ellos lo había conocido en Mecca,
se trataba de un palestino que
vivía en Brasil y como conozco
el idioma portugués pude hablar
con él. (Fue con estas personas
principalmente con las que
compartimos todo el Hayy y la
estancia en Medina). Allí en
Arafat es un día de
tranquilidad, más bien de
meditación en la montaña. Si
vais alguna vez os aconsejo no
quedaros en la tienda de
campaña, id hacia el monte y
haced du´a y dikr allí porque es
mucho mejor. Te encuentras con
gente de todas las edades y de
todas las nacionalidades
haciendo du´a cada uno con su
alfombra, desperdigados por las
montañas. Las montañas son
impresionantes, se nota en el
ambiente que hay sobre ellas que
allí ocurrieron grandes cosas
pero en el momento actual son un
espacio para la tranquilidad y
para estar junto a Allah. Esta
parte del Hayy sí es más
meditativa, pero se trata sólo
de un día y estás rodeado de
gente al igual que en Mecca, por
lo tanto no es nada
individualista. Te encuentras en
un escenario que ya os
imaginaréis: desérticas montañas
que fueron testigos del paso de
los profetas a lo largo de la
historia de la humanidad, el
cielo abierto ante tu ojos
mientras desciende la baraka de
Allah en medio de la
tranquilidad y silencio del
desierto, rodeado de gente de
todas las partes del mundo.
La noche se pasa en Muzdalifa.
Se trata de una montaña en la
que el tiempo transcurre en dikr
y du´a. Llegas en un momento en
el cual la montaña está casi
vacía y al cabo de una hora se
abarrota. Si te quedas dormido
cuando no hay nadie y te
despiertas a la media hora verás
que hay miles de personas a tu
alrededor. Yo no pude dormir y
además pasé una mala noche por
cosas que no vienen al caso
comentar. Lo cierto es que esa
noche toqué techo pero bueno, ya
os dije que el Hayy es muy
natural y por lo tanto tiene sus
momentos buenos (la mayoría) y
sus momentos malos. De ahí
siempre aprendes algo, y una de
las cosas que aprendí es que el
Shaitán aprovecha la inactividad
para comerte la cabeza
literalmente. Ya lo pensaba
antes y había reflexionado sobre
ello, pero esta vez lo comprobé
prácticamente. De hecho, me tuve
que ir a dar una vuelta solo y
de tan mal que sentía incluso me
sentía bien. Llega un momento
que el dolor se hace placer
cuando es muy intenso y convives
con él. Hasta el tiempo se me
pasó rápido, ya que pasaron tres
horas cuando creía que sólo
había pasado media siendo eso
señal de que uno se divierte.
Imaginaos. Después, me llamaron
para volver en bus y esperamos
otras tres horas. Al final
llegamos al campamento y
dormimos un poco para al poco
rato hacer la Salat.
En los tres días siguientes se
lleva a cabo el tirar las
piedras al Shaitán. Son tres
días en los que se siguen con el
dikr y los du´a además de esto.
Mientras tiras las piedras
recuerdas todos los momentos
malos de tu vida, tus errores… y
sabes que de una manera les “has
dado” con las piedras. Esos días
es una lucha constante puesto
que le estás tirando piedras a
tu mayor enemigo, le tienes
enfadado y entonces te ataca más
duramente. A la mínima va a
aprovechar para intentar hacerte
enfadar con tus compañeros,
ponerte triste, confundirte…
pero al final llevas a cabo tu
objetivo, se sacrifica el animal
y te cortas el pelo
completamente. Has realizado Al-Hayy
y es Allah (s.w.s.) solamente
quien sabe si será aceptado o
no.
Al terminar el Hayy nos
dirigimos a Al Medina, la ciudad
de la Luz, la ciudad del Profeta
(s.w.s.). Pero antes estuvimos
en la montaña de Uhud, donde se
llevaron a cabo las batallas
contra los Quarish. Al igual que
en Arafat, son montañas muy
sencillas, desérticas pero que
notas que ahí han pasado cosas.
Si una persona no musulmana
fuera ahí diría eso, al igual
que en Arafat:
“Aquí ha pasado algo importante
y algo queda, por eso esta
tranquilidad” o algo por el
estilo. Os digo esto para
intentar aproximaros un poco a
lo que es. Insisto, son
sensaciones muy naturales, nada
“religioso” ni “espiritual” tal
y como estas palabras son
concebidas en occidente.
Por el camino hacia Medina
paramos en varias mezquitas, una
de ellas la primera construida
por el Profeta Muhammad (s.w.s.)
en la Hégira. El camino hacia
Medina fue muy duro, ya que
fuimos a realizar las
circunvalaciones de despedida a
Mecca (Tawaf , Safa y Marwa) y
como os imaginaréis estaba
abarrotado. Al terminar fuimos a
comer a las cinco de la tarde y
estuvimos esperando desde esa
hora hasta las seis de la mañana
por el autobús, hicimos el viaje
de noche sin dormir, con fiebre,
resfriados, enfermos… Nos cogió
amaneciendo y pudimos, ahí si,
ver el desierto de Arabia que es
una maravilla. Son cuatrocientos
cincuenta kilómetros de viaje
que Sidna Muhammad (s.w.s.) tuvo
que hacer escapado contra reloj
y siendo perseguido de muerte,
con un cambio de temperatura
entre el día y la noche que es
casi mortal y que realizó para
que hoy en día nosotros
pudiéramos ser musulmanes. (Que
Allah le dé lo mejor para
siempre).
Hicimos una parada y finalmente
llegamos a Medina. Llegar a
Medina es algo parecido a llegar
a Mecca porque se trata de un
sitio en el que también se nota
que han sucedido acontecimientos
grandes para toda la humanidad.
Nada más llegar a las puertas de
la ciudad “ves” como hay algo
encima de Medina (algo similar a
la baraka que desciende en la
Kaaba), como una “nube” de paz y
tranquilidad. Una vez dentro de
la ciudad, al llegar al hotel
vamos rápidamente a la mezquita
del Profeta y realizamos la
Salat. Entonces nuestros últimos
días en Arabia consistirán en
estar en la mezquita del Profeta
y sentir la tranquilidad de
Medina. Aquí te das más cuenta
todavía de la diversidad y
tolerancia del Islam, ya que ves
a más gente todavía y compruebas
con más tranquilidad la gran
cantidad de familias venidas de
todas las partes del mundo. Y
digo con más tranquilidad porque
aquí no hay circunvalaciones ni
cosas que hacer en especial más
que la Salat diario y aún así la
mezquita está abarrotada. Por
otra parte me gustaría señalar y
corroborar la impresionante
belleza de la mezquita, mires
cuando la mires te dan ganas de
fotografiarla.
Sin embargo me gustaría señalar
un punto que me pareció un poco
preocupante. Tanto aquí como en
la Kaaba he observado que la
gente tiende idolatrar algunos
lugares y esto pienso que es un
error. Entre otras cosas porque
elevar algunos sitios por encima
de otros provoca poner a otros
por debajo y eso es precisamente
lo que pasa. La montaña de Mina,
el lugar donde se lanzan las
piedras, está lleno de suciedad,
de botes, de comida, de bolsas,
de basura… hablo de toneladas.
Es increíble que haya gente
capaz de llorar y casi golpearse
con otra gente por tocar la
Kaaba y sin embargo la montaña
de Mina esté en esas
condiciones. La verdad es que me
quedé muy mal porque la montaña
está en unas condiciones
higiénicas muy malas, llenas de
suciedad y basura pero en
toneladas. Un compañero me
comentaba que después vienen los
castigos y las desgracias, y nos
quejamos. De hecho, fue
precisamente aquí donde murieron
mil personas en una avalancha.
Por favor, los que estéis
leyendo esto acordaros de hacer
du´a por todos estos hermanos y
hermanas en el próximo Salat.
No digo esto con intención de
criticar, ya que yo también soy
culpable y todos tenemos nuestra
parte de culpa, sino para
deciros que opino que los
musulmanes debemos ser críticos
con nosotros mismos y no echar
la culpa tanto a los demás de
nuestros problemas, sino que si
algo va mal es porque nosotros
lo hacemos mal.
Pues un poco eso también ocurre
en la mezquita del Profeta (s.w.s.).
La gente se maravilla con ella,
pero deberían tener en cuenta
que lo que ven no es propiamente
la mezquita sino una ampliación
por parte de los saudíes de la
verdadera mezquita, que está
dentro. La mezquita hecha por el
profeta y los compañeros fue
construida con palmeras, dátiles
y de manera muy humilde, ya
sabéis como vivía el Profeta (s.w.s.).
Con el paso del tiempo a lo
largo de la historia se fueron
haciendo reformas hasta llegar a
la actual mezquita de Medina. Es
una maravilla arquitectónica,
pero es eso. Y es cierto que hay
una paz enorme tanto ahí como en
el resto de la ciudad, pero
pienso que la gente debería
diferenciar esa bendición en
forma de paz que está ahí porque
Allah (S.W.T.) así lo quiere
desde tiempos de Muhammad (s.w.s.)
de las construcciones hechas con
permiso de Allah por el ser
humano que sólo son eso,
construcciones que mañana pueden
no estar.
Pues bien, en Medina pasas los
días haciendo el Salat y
visitando la ciudad. La verdad
es que en este punto la gente ya
estaba muy enferma y lo único
que algunos podían hacer era
dormir y la Salat. Sin embargo
yo fui Medina arriba y abajo, me
metí por todos los barrios que
pude, tratando de conocer al
máximo esta ciudad. Quizá
algunos de vosotros pueden
pensar por qué estando allí no
aproveché para pasarme todo el
día y noche en la mezquita.
Ciertamente, todas las oraciones
voluntarias y Salat las hice en
la mezquita (excepto un día que
estuve muy enfermo y Al Farj y
Al Zurh los hice en la
habitación) o en la explanada de
fuera, que es el sitio que se va
ocupando cuando la mezquita se
llena y no cabe más gente
dentro. También estuve tiempo
haciendo Dikr y dua además de ir
a saludar al Profeta de parte de
la gente que conozco y de parte
de la gente que me lo pidió
expresamente. Pero pienso que
obsesionarse excesivamente con
un sitio no es correcto, por lo
que precisamente os decía antes.
Además, la mezquita es un sitio
importante pero es que somos
miles de personas para compartir
un mismo sitio y si todas
“ocupamos” la mezquita a la vez
sería un desastre y no sería
justo. Además tiene que haber
tiempo para todo: para estar en
la mezquita, para conocer a
gente, para hacer el Salat, para
buscar libros en castellano….
Y sobretodo, por el ejemplo del
Profeta. Muhammad (s.w.s.) no
era un cura reaccionario que
estaba encerrado en la mezquita
como si fuera un claustro, sino
que era un
hombre, una persona que salía a
la calle y se preocupaba por sus
vecinos interesándose por la
situación de ellos, además
estaba con su familia, amigos y
amigas… (igual que el ambiente
de Mecca, era muy humano).
Entonces yo procuré conocer
gente durante todo el Hayy e
intentar entender cómo vive la
gente en este país, qué
costumbres tiene y no centrarme
únicamente en asuntos
“espirituales”, ya que el Islam
desde la Sahada tiene el Salat
(desde ti con Allah para Allah)
y el Zakat (desde ti con Allah
para la gente). Allah te pide
que lo tengas siempre presente,
pues él es la Suprema Verdad,
pero que tampoco te olvides de
tu alrededor. ¿Y qué decir del
alrededor? Pues la gente feliz y
llena Alhamdulilah por el Islam.
Pero también asustada. ¿Qué os
voy a contar de la política de
Arabia Saudí, de su monarquía y
de su manera de ver el Islam?
Hay algunas cosas que me
resultaron muy duras, como ver
empresas norteamericanas de
hamburguesas y marcas de bebidas
refrescantes pro sionistas
anunciadas por todas partes, ver
a niñas de tres años sin brazos
pidiendo por la calle, a hombres
que no me llegaban a la rodilla
porque iban sin piernas andando
con sus manos durante kilómetros
o a chicos de mi edad en silla
de ruedas con un brazo
saliéndoles del estómago y sin
piernas. A filas de niños
deformados cantando y pidiendo
dinero, pasándoles camiones a
escasos centímetros a alta
velocidad sin frenar. Todas
estas cosas también pasan en
Mecca.
Tal y como os decía antes, es
como la vida misma, ves cosas
buenas y cosas que no deberían
pasar, en mi opinión esa gente
debía estar protegida y cuidada.
Pienso que por lo menos en Mecca
están bastante seguros, en otro
país a lo peor aprovechan para
robarles o agredirles ya que son
gente indefensa, allí la gente
les ayuda.
Del tema del pro sionismo no os
voy a decir nada que no sepáis,
mucho menos de los individuos
que tienen por monarcas. Sin
embargo, os hablaré de las cosas
buenas del pueblo árabe, que son
muchas más.
Para empezar, allí ves gente de
todos los sitios del mundo y el
racismo no existe. Ves a muchos
negros, por ejemplo, ocupando
puestos muy importantes en
empresas sin ningún problema
aunque es cierto que también hay
muchos inmigrantes pakistaníes
que trabajan muy duro.
En Arabia nadie duerme en la
calle porque todo el mundo puede
dormir en las mezquitas, además
la gente es muy solidaria. Y
menos mal ya que al contrario de
lo que muchos pensaréis en
Arabia por las noches hace un
frío muy grande, tanto que el
cambio de temperatura con
respecto al día provoca la
fragmentación de las rocas y de
ahí la formación de los
desiertos. (En un espectro
temporal amplio, claro está).
Aunque hay bastante pobreza,
todo el mundo tiene por lo menos
dos comidas al día. (Y en
Ramadán se reparte comida gratis
durante todo el mes).
Cualquiera puede realizar
estudios en las madrasas y todo
el mundo puede estudiar Corán,
Islam… también gratis.
Existe mucha gente que dona
dinero para que otra gente pueda
ir a Mecca. Precisamente gracias
a eso nosotros pudimos ir. Que
Allah que les recompense como se
merecen
Finalmente al volver nos
regalaron dos ejemplares del
Corán (y a mi a mayores uno en
español, les debí caer bien). A
todo el mundo se lo regalan.
Tras dos días de viaje, llegué a
casa a las nueve de la noche. Al
entrar en la habitación de nuevo
y verme entre estas paredes me
dije: ¿Aquí otra vez? Y me di
cuenta que allí había algo que
no era igual, o la habitación
había cambiado o yo había
cambiado. No. No era lo mismo
que cuando me fui. En cuanto fue
pasando el tiempo, me di cuenta
de lo siguiente: el Hayy es como
una droga, primero la tomas y
poco a poco te va haciendo
efecto. Entonces comencé a
ponerme al día con todo,
recuperé en tres días todos los
exámenes que no hice mientras
estuve fuera, y Alhamdulilah los
he aprobado todos. Otra lección
importante: todo lo que pides en
el du´a se cumple, todo. No
penséis que los du´a se quedan
ahí, como palabras al aire, no,
los du´a llegan y hay que tener
mucho cuidado con lo que se pide
porque si pides algo y se cumple
a lo mejor no es lo que
esperabas, y esto no es ninguna
tontería.
Quizá alguna gente pueda pensar
que con tan sólo un año de Islam
cómo es que fui a Mecca. La vida
no sabes cuando se puede acabar
y si tenéis oportunidad procurad
ir como sea. Más bien me dio el
empujón que me faltaba para
ciertas cosas porque por mi
ciudad estoy muy solo la verdad,
y esto es el principio. Al-Hayy
es el principio, no el final, es
el principio de una
responsabilidad mayor ante Allah
(s.w.t.). Mi vida ha cambiado en
muchos aspectos. Principalmente
hay muchas cosas que hacer y el
Shaitán quiere que no hagas ni
una. Si haces una quiere que te
olvides de otras y te sientas
orgulloso de lo poco que
hiciste. Quiere que tengas miedo
(no atención) por tu estabilidad
y que eso te lleve a olvidarte
del Islam, la Salat… y allí eres
consciente porque no pierdes por
nada un Salat y te das cuenta
del poco poder que tiene. Cuando
llegas aquí tienes mucha energía
y ves que in sha Allah puedes
hacer mucho, entonces tienes que
mantenerte en esa tensión ya que
al poco tiempo te va a intentar
hacer regresar a tu anterior
estado, como después de hacer la
Sahada, en breve puedes volver a
caer en errores de antes sino te
proteges bien. Aquí es igual
pero en mayores dimensiones, ya
que has estado en la tierra
elegida por Allah (s.w.t.) para
el Din y ahora la
responsabilidad es mayor.
Personalmente estoy repartiendo
mejor el tiempo, cambiando de
hábitos, estoy pensando acerca
de cómo puedo aprovechar mi
tiempo vital para realizar
proyectos que tengo en la cabeza
pero que hasta ahora no pude
hacer a causa de mil problemas
que fueron surgiendo. En estos
momentos los tengo superados
Alhamdulilah y pienso llevarlos
a cabo todos, poco a poco, con
el permiso de Allah.
Vuestro hermano Kike
Que Allah os bendiga.
Salam Aleikum.